28 years later: The bone temple. USA (2026).
Dir: Nia Da Costa
Reparto: Ralph Fiennes, Jack O’Connell, Alfie Williams, Erin Kellyman, y Chi Lewis-Parry.
El subgénero de zombies es uno de los más populares cuando de terror, distopía y fin del mundo o apocalipsis se trata. Si bien se podría decir que este subgénero nace con el estreno de White Zombie (V. Halperin, 1932) protagonizada por Béla Lugosi, será “La noche de los muertos vivientes” (The Night of the living death, G. Romero, 1968) a quien popularmente se reconoce como película fundacional en el tema.
A partir de entonces, las películas de zombies evolucionaron resaltando diferentes facetas: algunas se enfocaron en el origen de los muertos vivientes desde perspectivas científicas, apocalípticas e incluso sobrenaturales. Otras, abordaron cómo sería el mundo después un apocalipsis zombie. Y otras más, se enfocaron en la crítica social, donde lo peor del desastre no son las personas infectadas, sino aquellas que buscan sobrevivir al caos sin ningún resabio de ética o de consciencia social.
Algunas cintas fueron incluso más allá, reinventando el género acorde a una nueva coyuntura histórica, incorporando los nuevos miedos de la humanidad en los tiempos actuales. El apocalipsis zombie se fue convirtiendo en una posibilidad real para el imaginario colectivo a medida que las coyunturas socio-políticas empezaron a manejar temas como armas nucleares o guerras bacteriológicas, el calentamiento global, las pandemias, o la cercanía de una nueva y muy temida guerra mundial. Es así como el cine del zombies empezó a ganarse por derecho un lugar destacado entre las historias que nos mostraban lo aterrador que se estaba volviendo el mundo en que vivimos.
Una de las cintas que entendió este nuevo giro y transformó el cine de zombies hacia una sostenida crítica social y profunda reflexión filosófica, fue sin duda Exterminio (28 days later, D. Boyle, 2002) que renovó significativamente el cine de zombis al introducir infectados rápidos, lo cual rompió con la tradición de los muertos vivientes lentos y torpes. Esta decisión narrativa transformó por completo el ritmo y la estructura de la narrativa.
La película también actualizó la premisa del zombi al vincularlo con un virus biológico contemporáneo, anticipando debates sobre pandemias, biotecnología y colapso institucional.
Además, Boyle mezcló terror, thriller y drama humano, desplazando el foco del monstruo hacia la descomposición social y la violencia militar, lo que amplió la dimensión ética y política del relato. Su énfasis en personajes complejos y vínculos afectivos convirtió el apocalipsis en una experiencia íntima más que espectacular. Gracias a estas innovaciones, 28 Days Later no solo revitalizó el género, sino que influyó en películas, series y videojuegos posteriores, consolidándose como un punto de inflexión en la narrativa zombi del siglo XXI.
La cinta tuvo una secuela (28 Weeks Later (JC. Fresnadillo, 2007) que no fue tan exitosa ni bien recibida por la crítica y el público, a pesar de que retomaba aspectos clave como el mundo postapocalíptico y la crítica social. Es por ello por lo que el anuncio de una nueva secuela dirigida nuevamente por Danny Boyle, levantó grandes expectativas. La nueva entrega titulada Exterminio: 28 años después (D. Boyle. 2025) se dividió en dos entregas, siendo la última, Exterminio: El templo de huesos (28 years later: The Bone Temple, N. DaCosta, 2026) que al parecer cierra el largo historia de una historia que aún a no deja de sorprender.
En la primera de las últimas dos películas, la historia ocurre 28 años después del brote original del Virus de la Ira, cuando las Islas Británicas permanecen en cuarentena mientras el resto de Europa ya se ha recuperado. Una pequeña comunidad sobrevive en Lindisfarne, una isla fortificada donde viven Jamie (Aaron Taylor-Johnson), su esposa Isla (Jodie Comer) y su hijo Spike (Alfie Williams). Durante un ritual de mayoría de edad, Jamie lleva a Spike al continente, donde descubren que los infectados han evolucionado y ahora existe un Alfa, más fuerte e inteligente.
La película alterna esta trama con el pasado de Jimmy, un niño que sobrevivió al brote inicial y cuyo trauma religioso marca el tono apocalíptico. La cinta explora la fragilidad humana, la mutación del virus y los peligros del mundo exterior, presentándonos a los personajes y preparando el terreno para la siguiente entrega.
Por su parte, en la secuela directa de 28 Years Later, Templo de Huesos, la historia sigue a Spike, quien cae en manos de un culto brutal llamado los Jimmies, liderado por el sádico Sir Lord Jimmy Crystal (Jack O´Connell) que es el niño, ya adulto, que sobrevive en la primera entrega. Este grupo vive como una secta donde se mezclan fanatismo religioso, violencia ritual y supervivencia extrema.
Paralelamente, el Dr. Ian Kelson, (Ralph Fiennes) quien ayudó a bien morir a la mamá de Spike en la anterior entrega, investiga al infectado Alfa, a quien ha nombrado como Samson, descubriendo señales de que el virus podría ser tratable. La película profundiza en la decadencia humana más que en los zombis: el verdadero horror proviene del culto, la manipulación y la pérdida de identidad.
Templo de huesos contiene también múltiples metáforas acerca de la verdadera enfermedad de la raza humana: la falta de empatía. El Dr. Kelson actúa como brújula moral en un mundo perdido, siendo toda una ironía que quien antes fue un hombre de ciencia, sea el encargado de levantar un memorial de las y los caídos al mejor estilo totémico.
No hay Dios ni demonio que explique lo que sucede en un mundo tan decadente. Y sin embargo, la sola idea de mirar resabios de humanidad en el alma de un infectado es quizás de lo más relevante que nos presenta el guion de esta cinta. A través de personajes como el Alfa, los infectados no solo representan el peligro físico, sino también la posibilidad de redención o comprensión desde la perspectiva de quienes sobreviven. El guion utiliza estos elementos para profundizar en la reflexión ética: ¿Es posible hallar humanidad en quienes han sido transformados por el horror? Esta pregunta, lejos de ser retórica, se entrelaza con el desarrollo de los protagonistas y sus decisiones, subrayando que la verdadera enfermedad podría residir en la incapacidad de sentir empatía y solidaridad. Así, la película trasciende el género zombi y se convierte en una exploración filosófica sobre la naturaleza humana en tiempos de crisis.
En la conclusión de esta saga, el enfrentamiento definitivo en el Templo de Huesos pone a prueba los límites de la humanidad de los sobrevivientes. El Dr. Kelson, al enfrentar la última mutación del virus y la decadencia moral de la secta, comprende que la salvación no reside solo en una cura biológica, sino en la capacidad de los seres humanos para reconstruir la empatía y la comunidad. Así, el final deja abierta la posibilidad de un renacimiento, recordando que incluso en el desastre, la verdadera lucha es por no perder lo que nos hace humanos.
