Marty Supreme. USA 2025.
Dir. Josh Safdie
Reparto: Timothée Chalamet, Fran Drescher, Gwyneth Paltrow y Odessa A’zion
En los últimos años, nos hemos acostumbrado a las “biopics” de artistas, cantantes o deportistas famosos, que sirven como ejemplo de perseverancia, triunfo o resiliencia. Es común en este tipo de películas – la mayoría de ellas cercanas al drama o al melodrama- tratar de mostrar lo que hay tras bambalinas de un premio destacado, un logro competitivo o una carrera exitosa.
La meritocracia dentro del sistema capitalista se presenta como la idea de que las personas ascienden social y económicamente en función de su esfuerzo, talento y disciplina. Bajo esta lógica, existe un árbitro neutral invisible —que puede ser la empresa, el mercado o el gobierno— que recompensa a quienes trabajan más duro o poseen mayores capacidades, generando así un orden social que pretende percibirse como justo. Esta narrativa sostiene que las oportunidades están disponibles para todos y que el éxito depende principalmente de tomar buenas decisiones individuales.
Sin embargo, esto no sucede así en la vida real. La meritocracia opera sobre estructuras profundamente desiguales. El mérito, el logro o el triunfo no surgen en medio del vacío, sino en un terreno irregular que condiciona las trayectorias, para bien o para mal. Cuando alguien logra superar el contexto de su condición, se vuelve héroe, y es por ello que contamos su historia, porque siempre resulta relevante saber cómo es que alguien logró vencer al sistema.
Ni qué decir que esta película está permeada de este pensamiento, aunque también extrañamente incumple una de las características que han hecho memorables o entrañables a otras cintas del género: la de generar empatía o permitir al público identificarse con el protagonista, haciendo suya esa aspiración de ascenso social y de éxito incuestionable edificado en base al esfuerzo, la tenacidad y la inspiración.
Josh Safdie dirige esta película apartándose del tradicional relato de superación y lucha inagotable, para contarnos el “lado B” de cómo se llega a la cima con esfuerzo, sí, pero sin ninguna muestra de empatía ni solidaridad hacia quienes lo rodean.
“Marty Supremo” (Marty Supreme, J. Safdie, 2025) es, por lo tanto, una muestra de lo que es arriesgarse para contar una historia estirando casi al límite los bordes del cliché del héroe americano. Porque, para empezar, aquí no se habla de un gran atleta, ni de un deporte muy popular hoy en día, ni tampoco de una figura cuya calidad humana valga la pena admirar. Y, sin embargo, la cinta funciona para decirnos, de manera un tanto agridulce, que el éxito siempre es posible y no está destinado solamente a las personas con profundos valores éticos ni a quienes viven su vida “haciendo el bien”.
La cinta nos cuenta la historia —de manera por demás libre y no necesariamente apegada a la realidad— de Marty Reisman, el primer campeón de tenis de mesa en Estados Unidos en los años 50. En medio de la posguerra, un joven se propone ser el máximo triunfador de tenis de mesa, un deporte considerado popular, pues se jugaba en tabernas, bares y boliches, y no requería un entrenamiento atlético para ser campeón.
Pero Marty (interpretado por Timothée Chalamet) inicia su carrera al éxito con el pie izquierdo. Mintiendo y robando, logra reunir el dinero para llegar al primer campeonato internacional, mismo que pierde. Sin embargo, la derrota lo convence de que rendirse no es una opción, arrastrándolo a una vorágine de malas decisiones que terminan por ponerlo contra la pared, tanto a él como a quienes lo rodean.
Chalamet entrega una de las mejores actuaciones de su carrera, apartándose de la imagen del chico encantador y sensible a la que tenía acostumbrado al público. Juega todo el tiempo a seducir —al igual que su personaje— y convence de que, para lograr su sueño, no se detendrá ante nada. También es importante señalar que la libertad de construir un personaje como este inicia con la advertencia de que es una adaptación muy libre de la vida de Marty Reisman, en quien, como ya hemos dicho, se inspira el personaje.
También hay que destacar que Chalamet está rodeado de un gran elenco, que contribuye a elevar el nivel y la calidad de la cinta con actuaciones destacadas, especialmente de Fran Drescher, Gwyneth Paltrow y Odessa A’zion.
La película tiene dosis interesantes de humor negro, pero está lejos de provocar la risa fácil. Las rebuscadas situaciones que Marty debe enfrentar no configuran una comedia de enredos al estilo tradicional. Están revestidas de las oscuras motivaciones del personaje, por lo que no todas resultan graciosas de inmediato. Sin embargo, en conjunto, Safdie y su elenco consiguen jugar con el arco de redención al límite, resolviendo prácticamente hasta el último momento. Una tímida afirmación de que, al final, el mérito merece ser elogiado a pesar de todo.
