Minions & Monsters USA (2026)
Dir: Pierre Coffin
Reparto: voces en inglés: Pierre Coffin, Trey Parker, Christoph Waltz, Allison Janney, Jesse Eisenberg, Bobby Moynihan, Zoey Deutch y Jeff Bridges. Voces en español: Andy Muschietti, Abelito, Carlos Ballarta y Alberto Lati.
“El mundo es, en efecto, cómico, pero la broma recae sobre la humanidad.”
— HP Lovecraft
Conocimos a los Minions hace 16 años, en la primera entrega —y pieza fundacional de la saga—, Mi villano favorito (Despicable Me, P. Coffin, 2010). En aquel momento llamó poderosamente la atención debido a varios ingredientes que hicieron de la cinta y sus personajes un éxito rotundo, lo que ameritó la filmación de cuatro secuelas de la historia original y tres películas más para la expansión de su universo.
Se trataba de una apuesta creativa muy interesante, inspirada principalmente en el cine de espías —especialmente en James Bond— y en las series televisivas de espionaje pop de los años sesenta y setenta. La saga desarrolla y se centra en la figura del supervillano tecnológico, las organizaciones secretas y los gadgets imposibles, reinterpretándolos desde la comedia familiar, ya que, al final, se trata de la familia y de la idea de que nadie sobrevive estando solo.
En ese universo, los Minions se convirtieron en grandes personajes, cuya popularidad obligó a desarrollar historias solo para ellos. Con esta, ya son tres las películas que amplían el universo de la historia original y colocan a los pequeños seres amarillos como protagonistas.
Y la verdad, creo que, de todas, esta es la cinta más creativa: se aparta un poco del lugar común de los Minions buscando un amo, para centrarse en una historia que tiene como referencia al cine mismo.
La cinta sucede mucho antes de los acontecimientos que conocimos en las otras películas: la historia está ubicada en 1920, cuando tres Minions —que tampoco son nuestros tradicionales protagonistas— le presentan a un director de cine su idea de hacer una película de monstruos con el fin de convertirse en cineastas famosos. Sin embargo, aunque la propuesta es buena, lamentablemente no cuentan con monstruos para el proyecto, por lo que emprenderán una nueva aventura para buscar criaturas reales y lograr que el filme se haga realidad.
Y aquí pasamos de las referencias al cine de espías a las referencias al cine clase B. Seguramente, la comunidad cinéfila no tendrá problema en identificar la multitud de guiños que pueblan la historia, lo que la convierte en un algo muy divertido de disfrutar. De Orson Welles a George Lucas, la cinta demuestra un profundo amor y reconocimiento por los cimientos de la industria hollywoodense.
Pero las referencias no acaban ahí. En su búsqueda de monstruos reales para hacer su película, los Minions despiertan a una amenaza cósmica inspirada, ni más ni menos, que en el terrorífico Cthulhu, surgido de la imaginación del gran maestro del terror literario: Howard Phillips Lovecraft. Y no viene solo: Nyarlathotep, el caos reptante, y Azathoth también hacen su aparición, aunque, para no usar nombres impronunciables, aquí se llaman Goomi, Howard, Phillips y Miranda. Lo de Howard es más que obvio, ¿verdad?
No sé si los adoradores del culto lovecraftiano estarán contentos, pero no deja de ser una propuesta muy creativa, con todo y Necronomicón incluido, en un lenguaje para niños y niñas y con la historia de la cinematografía como telón de fondo.
Minions y Monstruos funciona porque entiende que la nostalgia, la cinefilia y el humor absurdo pueden convivir sin estorbarse. No reinventa ni a los Minions ni a lahisotria en sí, aunque los coloca en un terreno inesperado, donde el horror cósmico se vuelve juego, la historia del cine se convierte en aventura y el caos amarillo encuentra una nueva forma de seguir divirtiendo. Quizá ahí está su mayor acierto: en atreverse a mirar hacia lugares poco habituales para una película familiar y salir bien librada del experimento.
Alguna vez, Guillermo del Toro dijo que Lovecraft era un autor imposible de adaptar. Y bueno, no es que aquí se trate de una adaptación, aunque llama la atención el atrevimiento. Y no solo eso: también sorprende que, a pesar de lo forzado de la premisa, el resultado haya salido mucho mejor de lo que se esperaría.
