Nuremberg. USA, Hungría (2025).
Dir. James Vanderbilt
Reparto: Russell Crowe, Rami Malek, Michael Shannon,
Por muchas razones, que van desde las decisiones artísticas hasta las geopolíticas, el cine bélico que tiene como fondo la II Guerra Mundial, tuvo un papel definitivo para construir como principal antagonista de la historia contemporánea a la élite nazi de Alemania durante la II Guerra Mundial.
Existe todo un acervo de películas que han contribuido enormemente a posicionar una narrativa universal en favor de la justicia, los derechos y la dignidad humana. Este relato cinematográfico no sólo tuvo efectos positivos al lograr que la noción de igualdad y no discriminación se insertara como un ideal a alcanzar en el imaginario colectivo. También permitió dejar en claro que el autoritarismo, el fascismo y todas las formas dictatoriales de ejercer el poder no deberían repetirse nunca más en ningún lugar del mundo.
Las figuras emanadas de la élite nazi y en especial la de Adolfo Hitler nunca han sido redimidas en la pantalla grande. Esta cinta no es la excepción.
Sin embargo, Nuremberg (J. Vanderbilt. 2025) inaugura una nueva ola en este tipo de películas: retoma el juicio desde una mirada más actual que combina la exploración de la psicología del liderazgo nazi, la tensión entre justicia y ciencia y la construcción de la verdad histórica.
La película sigue la relación tensa y amenazante entre el psiquiatra estadounidense Douglas Kelley -interpretado por Rami Malek– y Hermann Göring -personificado por Russell Crowe en una de las mejores actuaciones de su carrera-, a quien debe evaluar tras su captura para determinar si está en condiciones de ser juzgado en el Tribunal de Núremberg.
A medida que Kelley intenta descifrar la mente de este nazi de alto rango, se ve envuelto en un duelo psicológico, lleno de trampas y manipulación que revela tras bambalinas el choque entre ciencia, justicia y poder que se dio en el primer gran juicio por crímenes contra la humanidad de la historia.
Más que abordar el juicio en sí mismo – lo que la diferencia de la versión de 1961, dirigida por Stanley Kramer, por ejemplo – se centra en mostrar cómo figuras como el general Göring utilizaban su carisma y capacidad manipuladora para influir incluso en espacios judiciales, mientras especialistas —particularmente psiquiatras y juristas— intentaban descifrar si detrás de sus actos había locura, ideología o racionalidad.
La cinta es en realidad un thriller psicológico más que un drama histórico, basado en el libro “El nazi y el psiquiatra” escrito por el periodista Jack El-Hay a partir de los diarios y conferencias de Douglas Kelly, quien en la vida real terminó profundamente afectado por esta experiencia, y viendo la película, se puede entender el porqué.
No es de extrañar tampoco que, en este momento en particular, la cinta cobre relevancia por su enfoque que trata de entender la raíz del mal, de la personalidad narcisista y el retorno del autoritarismo. En todo ello hay un oscuro y terrible mensaje de que la humanidad no es del todo inmune a la tentación del poder absoluto y la maldad.
«Nuremberg» es una película muy interesante, no solo porque renueva la manera en que el cine aborda los horrores de la Segunda Guerra Mundial y sus consecuencias, sino porque invita a las y los espectadores a reflexionar sobre los terribles alcances del poder sin ética y en las zonas oscuras de la mente humana y la maldad.
Al mirar de este modo uno de los episodios más oscuros de la historia desde una perspectiva íntima y psicológica, la película nos recuerda la importancia de la memoria, la justicia y la vigilancia constante frente a cualquier forma de autoritarismo. Sin duda, se trata de una historia para entender que la lucha contra la intolerancia y el odio es una tarea en la que no podemos bajar la guardia.
